Desde niño me la he pasado acumulando imágenes, objetos fragmentados, que son inservibles; que quedan ahí en el espacio de uno, en el tiempo de uno, en el recuerdo de uno, en la obra de uno. Fragmentos como ventanas que exploro siempre. Busco posibilidades combinatorias de las acumulaciones de esos fragmentos, y es en esas combinaciones de ellos donde empieza para mí el itinerario misterioso. Mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo.

En el fragmento las cosas se me dan como no dadas. Tengo una noción sumamente fragmentada del pasado, del presente y del futuro. Todos estos tiempos me producen grandes sobresaltos.

Sostengo la armoniosa noción de que el fragmento es el reflejo exacto de la verdad y de la obra de arte. Sólo alcanzo a conocer partes de lo que veo, oigo y leo. De ahí que siempre esté polemizándome. Y de que no vea una clara diferencia entre el vivir y el pintar. Los vidrios, los cristales, el agua, lo transparente en sí, me atraen, me incitan a ver en la materia otras cosas de las que se perciben ordinariamente.

Sí, juego a ser pintor todos los días. Procuro deslizarme entre la realidad y lo invisible para regresar a mi realidad. Como artista procuro evocar un abanico de estilos, entrelazar distintos sistemas del arte. Cambio de manera sin remordimientos. Es realmente estupendo cambiar de maneras. Estoy en tales maneras porque así lo quiero, y no pretendo encontrar nada, si no ejecutar correcto mis sentimientos.

Pintar y pintar bien. Soy frenético, excesivo, insomne a la imagen, y uno mi primaria posibilidad de imagen con la del poeta cubano José Lezama Lima cuando escribió:

<<La imagen es la realidad del mundo invisible… la realidad está allí, es lo otro, y de la única manera que podemos establecer un puente entre ella y nosotros es por la imagen>>

No, no busco todo en un plano directo, si no en fragmentos que me van dando un todo, de formas, de gestos, de líneas, de tonos, de atmósferas. No tengo ningún rigor científico, ni un criterio de selección rígido. soy simplemente autocrítico y severo.

Si, soy terriblemente feliz, en mis maneras, en el estilo del no estilo. vivo y pinto amenazado por mas maneras. Mi orden es siempre abierto, no tiendo jamás a una consumación, porque nada se consume ni nada comienza en mi método de maneras fragmentarias.

Lo que intento en todos los instantes es hacer ver otras cosas y arriesgarme por ese camino que es la pintura. Porque me sería patético si tuviera que crear muy mecánicamente.

(…) Pinto porque estoy obsesionado por la vida, por el amor y por la muerte. Lo que importa es la magia, la aureola de lo que se realice. Al pintar siento velocidad, resplandor, amor, arrebatamiento, energía, lucidez variable y no consciente. Algo secreto, como una invasión de ojos. (…) necesito la existencia y los modelos históricos como tópicos. Realizo mi trabajo con verdadero orgullo y es el dibujo el elemento sustancial de mi trabajo.

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