Maneras sin remordimiento es otra fracción de esa ventana que exploro siempre. En ella la vida toda pasa y me sorprende trabajando. creo que todo hombre en estado de excitación está en fase de aniquilación. La excitación es el modo de subsistencia de la creación. Todo mi trabajo son fragmentos de mi provocar como taumaturgo. Todo ser humano lleva invisible una especie de erótica-creativa en la carne y en la mente. Pero sólo le es dado al artista <<la confesión, que a un tiempo será íntima y general, ya que las cosas que le ocurren a un hombre les ocurren a todos>> como escribió Borges.

Esta serie es otra de mis deliberadas formas de concebir y combinar este reino tremendo que es la pintura, el color. Procuro sugerir sin saber bien lo que sugiero; pero la excitación está ahí como el inconsciente. Soy un pintor impredecible, dinámico dependo de los lugares, de las cosas, de la familia, de los amigos y del sitio donde trabajo. En cada rincón un modo de pintar y un proceder de comportamiento. El espacio me engendra.

Pinto con amor, arrebatamiento, energía, lucidez variable y no consciente. Pienso que en todos mis trabajos hay sufrimiento, sombra y dolor; ironía que trasmigra, sombra de ojos abiertos, de situaciones ambiguas.

Pero hay también:

Profundos espacios poblados de colores,

Hay construcciones de transparencias.

Hay dobles sueños de amores desnudos.

Hay alegría en risa.

Hay soledad en el gesto.

Hay canto al día y a la noche, al equilibrio, a la voz conocida y al misterioso ser.

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