El que calla, habla. No otorga su otredad, nunca notoria, al exorcismo de la significaciones. Se oculta, se revela. Los unos son su sello. Los que están expuestos nunca consiguen ser lo que son, ni para el nombre. Nadie es el que manda. Todos están aquí, su angustia, su contento. La realidad y su doble, la irrealidad y su caja de figuras. Nos lo dictaminaron. En un bar, o una casa, un diccionario de aseveraciones y otro de símbolos, Shakespeare y los aparecidos, frente a la mesa puesta: los ademanes furtivos, en la playa y en un rincón a solas. A nosotros (ellos) somos alguienes sin duda.

Aquí está el primoroso, el cejijunto, el que aburre sin sueño un candado. (…) no te canses, ya vuelvo: dale al espejo su discordancia explícita: Nelson, Villa, Lobo y el Otro.

El estilo ya viene: un dardo corvo, un pie, unas botas, las nubes, más caras: voyeurismo imposible. Pongome a tener cuidado. El estilo de no tener estilo. Las manos de acullá son esas manos. Sus modo son las citas, la referencia última sin dueño, el melodrama que no han acostumbrado, la parodia.

Esta exaltación choca con el lenguaje de primor, la facilidad clásica del imaginar (no verán a Noé sacándonos del paso) por eso y más, yo también soy otro: promiscuo y circunspecto, tropical, aberrante (Rimbaud y la explicación está en la otra media curva) busquense sus utopías no tenemos, no tienen, sentido de conjurar ni otras prebendas: como fundar un mito: la fragmentación y el ruido: “ no quiero ruidos con la inquisición”, escribió Sor Juana Inés de la cruz. (¿Hay que aclarar que no se está en nuestra España y menos en el siglo XVII) y que llegue el que trae y el que no trae, el ajeno. Llegó.

Fuera de la discordia queda el río de aquel Heráclito, el pluvioso; a un paso de los aplausos, las palmaditas en el hombro. Dicen, decimos, que no: digo que sí y me callo. Los demás se sostienen y sostienen sus fardos. Yo me rindo (¿se rinden?) Tengo miedo y te grito. Sostente al otro lado. Con mis vísceras. Nuestras.

Hoy por hoy la pintura es el acto de reconstruir las ruinas. Ponga su pie sobre nosotros. Nada nos mortifica. A la inversa transcurre el otro río, el ciego, el muerto. (para la explicación se juntan los milagros, la otra, la media curva cuidada con esmero).

Así podríamos citar a más de un hombre. Una actitud complica intelección y sus cuidados. Nosotros (ellos) también otros. Para el fin y el principio de los bienes. Nada, todo se transfigura.

 

Angel Escobar

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