¿Crees que son eficaces los signos que has escogido para expresar lo que sientes o que el lenguaje que empleas dificulta su comprensión?

Sí, creo en la suficiente virtud de cada uno de los signos, además, por lo general no suelo desconfiar del lenguaje que empleo. Si se dificulta su comprensión se debe a que soy yo quien inventa en parte los signos y establezco las convenciones. Aunque los signos que empleo forman parte del lenguaje común como es el grafismo infantil y el rayado de las paredes. Además, no están hechos para ser entendidos sino para ser interpretados. Están hechos fundamentalmente para los ojos. Decía Cezanne que << un artista debe ir siempre a la lógica de la visión… La materia de nuestro arte está ahí, en lo que nuestros ojos piensan>>

 

¿Generalmente cuando te enfrentas a la tela tienes alguna idea preconcebida de lo que vas a hacer?

No, sólo tengo una intuición poética muy vaga de lo que quiero hacer, esta se parece a la naturaleza de los sueños que, como todos sabemos, tiene una lógica diferente, un orden u otro.

Las cosas ocurren a una velocidad vertiginosa y las imágenes tienen una duración que desconocemos; ¿Porque no pensar incluso que el tiempo, los sonidos, las temperaturas, el espacio, tienen naturalezas diferentes? En éstos, el azar, el juego, lo caprichoso y lo inexplicable, es lo común. En el trabajo como en los sueños, nunca puedo saber de antemano lo que va a suceder. Estos suceden y se suceden, cambiando y metamorfoseándose en el proceso hasta el resultado final. No quiero que se entienda que los algo de un modo automático o casual si no que, simplemente, hay participación tanto del azar, del accidente y de la propia resistencia del material, como de la idea, el proyecto y el propio control del accidente.

 

¿Considerarse estos cuadros como una información solamente de tu vida afectiva?

Creo que algunas cosas sólo me son propias, como el orden y disposición de todos los elementos, el uso que hago del color, la selección del tema, lo que quiero significar, y la emoción que encierran todas estas cosas. De los demás o de todos, son la ciudad, las huellas sobre las paredes, el polvo, la bruma, la vida, la arquitectura, el grafismo sobre los muros y otros. Pero esto visto así, puede parecer una disección anatómica que sólo nos facilita el análisis por separado de los músculos, huesos y vísceras, componentes todos necesarios a la vida, pero que la suma mecánica de todos ellos no son la vida.

Es como si entendiéramos el arte como una suerte de juego combinatorio, olvidando que un cuadro es más que una estructura pictórica, o que una serie de estructuras pictóricas, y no el diálogo que entabla con el espectador y lo que imprime éste, quien lo completa con su mundo y vivencias propias y las durables imágenes que deja en su memoria. Ese diálogo o interacción es infinito… La pintura no es agotable por la suficiente y simple razón de que un solo cuadro no lo es. Un cuadro no es un ente incomunicado: es una relación, es un eje de innumerables relaciones.

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