Muchos pueden ser los mundos que nos influyen, o los submundos que nos cautivan. Aunque el hombre no lo quiera, la potencialidad de esos orbes lo tocan. Así, este ser que sonríe y parece feliz, que aparenta estar sumergido totalmente en su particular universo, ámbito de paz y armonía, como un templo, de algún modo refleja lo que ni siquiera a veces se atreve a mirar cara a cara. De suerte que sobre las telas y papeles sus pinceles desprenden un gris que nos ataca, y deslizan cuerpos que, aun que serenos a primera vista, padecen y agonizan un trance extremo.

Algo inquietante y herido por sombras, que se adentra en la religión de los negros africanos, fundada de este lado del océano, nos conduce a un panteón de invenciones, quizá subverticiamente consagrado a la muerte, donde a fuego lento, pedazos de la realidad casi indescifrables, están marcando a dioses surgidos, quizá de una imaginación demasiado caprichosa.

¿Qué drama cotidiano se infiltra?

No importa, ya lo sabremos…

Nadie debía viajar sobre esta isla condenada a grandes estremecimientos, nadie verdaderamente sensible, sin intentar dar un paso en su íntima expresión a algunas de las crestas de sentimiento que la agitan.

Y ahora, en el momento más aciclonado de la isla, aparece el LOBO, el solitario Villa-Lobo, como quien trae ingenuamente, casi sin querer, la respuesta de una pregunta que todavía no nos atrevemos a formular, porque en fin, es materia interior de la ola, paisaje de la ola por dentro; mientras la mayoría seguimos mirando despreocupados la textura externa de la ola, según ella se desliza cual mole incontenible y gigantesca hacia un punto de la geografía marina, en que surgirá seguramente una nueva cresta.

¿Es sólo el toque que da esta tierra al expresionismo de siempre y de todas partes?, ¿Es el matiz local, la situación singular al margen o desfasada de la moda? , ¿Es la mescolanza caprichosa que el cubano trae en la sangre o la mescolanza racionalista que el europeo ensaya en sus laboratorios culturales y se nos mete en el cuerpo por algún viaje? , ¿Es eso lo que se observa en estas obras?, ¿Es eso lo que produce una vibración tan específica?. Creo que es todo eso y mucho más. Es una vigorosa alegoría, es también la inevitable alegoría, la que sale a relucir aún cuando estemos seguros, resguardados en nuestro refugio; aún allí, es eso fragmento de realidad que sin permiso hace violento el reposo deseado y agresiva la intención más delicada, más discreta, más sublime.

 

Aldo Menéndez

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